Un año sin comprar ropa

adicta a las compras


Acabo de hacer el cambio de zapatos del invierno al verano y estoy mareada y avergonzada. ¿Cómo he podido acumular tanto calzado en una sola vida? ¿Por qué sigo teniendo tantos pares cuando, además, muchos de ellos me limito a cambiarlos de lugar en el armario sin que consigan ver la luz al final de la temporada?

Y con la ropa no me quedo atrás. Es vergonzoso, en serio. Debo decir en mi defensa que cuido muchísimo las cosas y que tengo ropa y zapatos de hace veinte años y siguen como nuevos. Pero aun así, es lamentable.

Así que he tomado una decisión. Bueno, mejor dicho, me he reafirmado en la que ya había tomado. No hay nada como hacer el cambio de armario para darte cuenta de las dimensiones de la propia estupidez...

En fin, mi decisión es reducir drásticamente mi consumo de ropa y zapatos. 

CERO COMPRAS EN UN AÑO. 

La verdad es que voy bien, porque desde diciembre de 2019 no he comprado nada, y como mi economía no estaba para tirar cohetes, y entre medias nos ha pillado esta pandemia, me he plantado en junio cumpliendo a rajatabla mi propósito. Y estoy ahorrando una barbaridad (teniendo en cuenta mis posibilidades, claro). 

Me siento bien estirando al máximo lo que tengo. Pero es que, siendo sincera, tengo ropa y zapatos para aguantar años sin comprar. Teniendo en cuenta mi ritmo de vida y lo mucho que cuido mis posesiones no debería suponerme ningún sacrificio. 

Además, eso será un incentivo para mantenerme en forma, ya que si cambio de talla se va al traste mi reto.

Pero es que no puede ser, en serio. La relación que tenemos hoy día con el consumo no es sana. Y no es que pretenda desincentivar las compras y perjudicar a los comerciantes, qué va, nada más lejos de mi intención. A mí no me va el minimalismo extremo. Creo que hay que comprar, claro que sí. Pero con lógica, de una manera razonable. Atendiendo a las necesidades reales. Mantener un nivel de propiedades que no nos dé angustia al abrir el armario, porque así no hay quien viva. 

El desgaste mental que supone enfrentarse a diario a un armario repleto, y los remordimientos que nos provoca otra compra innecesaria, son claramente dañinos para nuestra salud, y un evidente obstáculo para alcanzar la felicidad. 

Así que, ayudada por mis precarias circunstancias económicas, me comprometo públicamente a superar este reto y aguantar todo este año sin comprar. 

Con una salvedad: ropa interior que sea estrictamente necesaria.

Os animo a que hagáis lo mismo. Si no dejar de comprar, al menos sí dejar de comprar a lo loco. Invertir si acaso en una buena pieza de fondo de armario, de calidad, que nos dure años. Sustituir varias prendas inútiles por una que merezca la pena: combinable, neutra, resistente y que nos siente como un guante. 

Pero si queréis ir más allá, os invito a acompañarme en este reto de cero compras. Vuestro bolsillo y salud mental os lo agradecerán. Y os garantizo que descubriréis más posibilidades ocultas en vuestro armario, porque la necesidad aguza el ingenio. 

¡A por ello, chicas! (Y chicos. ;)

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