Estilo minimalista





Cada año, en septiembre me invaden las ganas de depurar mi armario, de deshacerme de cosas, de soltar lastre... Me doy cuenta, además, de que mi gusto es muy minimalista, y cada vez más. Igualmente, los iconos de estilo que me inspiran, por así decirlo, son muy simples vistiendo, aunque tienen ese punto especial que las hace diferentes.

Total, que noto que estoy evolucionando. Antes pensaba que para vestir bien tenía que esmerarme un poco más en adornar el conjunto: Que si un toque de bisutería por aquí, que si unas complicadas superposiciones por allá... Pero eso no va conmigo y me siento disfrazada, así que al final no voy a gusto y acabo por perder el poco estilo que pudiera tener.

Tengo claro que cada persona tiene su estilo, y lo que me vale a mí no tiene por qué servirle a las demás, y ése es justamente el quid del asunto: saber qué es lo que nos funciona a nosotras.

Yo soy de esas personas que, a medida que se arregla, se estropea (en general creo que le pasa a muchísima gente). Estoy mucho más mona en mi versión más natural y minimalista, pero si no lo manejo bien, ese estilo minimalista puede derivar en el soserío más absoluto, así que ahí tengo mi reto: vestir simple pero con un puntito chic para que el conjunto resulte atractivo y no vaya levantando bostezos a mi paso.


¿Y EN QUÉ CONSISTE EL ESTILO MINIMALISTA? ¿CUÁLES SON SUS CLAVES?


- Prendas de calidad cuyo corte siente realmente bien.

Calidad no significa cara. La calidad se traduce en que estén bien hechas, con atención a los detalles; y de buenos tejidos, nada de sintéticos llenos de brillos, de ésos que te dejan los pelos como si hubieras chupado un cable pelado.

Calidad supone que si te compras una gabardina, porque es un básico y le vas a sacar muchísimo partido, te compres la mejor que puedas encontrar de entre las de un rango de precio parecido, no cualquier pingo que te salga al encuentro. Hay que comprar con la idea de que tiene que durar, no pensando en que el año que viene la tiramos y nos compramos otra.




- Colores lisos en su mayoría. 

Me encantan los estampados de florecitas, porque tengo un gusto especial por el toque romántico, pero llenarse de estampados de la cabeza a los pies no tiene nada de minimalista. Y además, me conozco, y a la hora de vestirme para el día a día, acabo decantándome por los lisos, que nunca fallan.

En mi caso, salvo algún vestido y falda floreada, y alguna blusa más festivalera, voy a dejar los estampados para los fulares y pañuelos.




- Bisutería y joyería casi inexistente. 

Tengo piezas para dar y tomar: heredadas de mi abuela y mi madre, compradas en viajes, regalos que me han hecho, collares grandes, pequeños, largos, cortos, colgantes, anillos, anillotes, cadenitas, broches, pendientes, pulseras... Pero las uso de uvas a peras. Un collar vistoso cuando la ocasión exige un poco de arreglo extra, o un anillote de ésos que te descompensan al andar. Cualquier otra cosa me da pereza. Y además veo que no me pega, pero son cosas que me gusta tener. Una de esas incongruencias de la vida...

En el estilo que me gusta, no entra el ir llena de colgaduras como un general condecorado. Me da una pereza mortal y, en mí, lo veo absurdo. Y ahora que me fijo más, los estilos que más me gustan también son de poco adorno, así que todo cuadra.




- Colores neutros. 

Aquí es donde está el riesgo de caer en el aburrimiento más absoluto. Cierto es que los colores neutros son los más combinables, pero también es verdad que pasarse la vida vestida de blanco, negro, beis y azul marino es el camino más rápido a la depresión. Por eso yo me aplico mis propios neutros: colores alegres pero que huyan de su tono más estridente. Colores suaves, pero colores, al fin y al cabo.

Eso sí, conviene que los abrigos, pantalones y faldas sean de esos colores más "aburridos", porque a la hora de la verdad, son los que dan ese punto de "clase" que hace falta cuando llevas pocas prendas.




- Siluetas simples y lógicas.

Cualquier cosa que se aleje de esa idea es ir disfrazada, a menos que una sea una influencer que vive de lucir prendas imposibles y absolutamente teatrales. Pero el resto de las mortales ganamos puntos si vestimos "simple". Cuando la ropa está bien cortada y nos sienta como un guante, es mejor no estropearla añadiéndole cosas innecesarias.

Viste con lógica: una prenda de abajo, una prenda de arriba. Como mucho, dos. Una prenda de abrigo y andando. No te compliques con extrañas combinaciones de capas que, si no se dominan muy bien, te van a arruinar el conjunto.


                                 

- Zapatos finos y femeninos.

Este toque es necesario para no parecer una monja vestida de civil. Los zapatones no favorecen, en mi humilde opinión. Y, desde luego, se pueden cargar de un plumazo todo un conjunto, por maravilloso que sea. En cambio, un look más anodino con unos bonitos zapatos que estilicen nuestra figura, sube automáticamente de nivel.

Y por supuesto, el calzado tiene que ser de calidad indiscutible. Nada de plasticorros.




- Bolso bueno y combinable. 

Más vale tener tres bolsos maravillosos que peguen con todo, que mil patateros. Yo soy una fanática de los complementos. Estoy convencida de que unos buenos zapatos y un bolso de calidad arreglan lo que sea.

Además, personalmente estoy harta de cambiar de bolso. Con gusto cambiaría todos los que tengo por uno genial de color cámel que pegara con todo, lleno de bolsillitos y cremalleras, y con asa corta y otra en bandolera. Y para vestir, un bolso negro pequeño. ¿Para qué más?


- Naturalidad. 

Esto ayuda mucho, aunque la gente huya de ello con verdadero empeño. Pero, francamente, si no quieres pareces una señorona, olvídate de los peinados complicados y de ir en plan sofisticado hasta para pasear al perro.

Hace poco vi un vídeo de una youtuber que me hace gracia y me cae bien, y que habla con mucha sensatez, pero con la que no siempre estoy de acuerdo. Mostraba el paso a paso de su arreglo para ir a una boda y, aunque estaba guapa al final, porque es una mujer elegante, para mi gusto llegó un punto en el que a medida que añadía detalles, se estropeaba. Se sumaba años. El pelo tan trabajado, un broche por aquí, un lazo por allá, un maquillaje cargado por acullá... En mi opinión estaba mil veces mejor a la mitad del vídeo. Y le hubiera salido un conjunto mucho más barato.

Pero bueno, cada cual tiene su gusto. A mí me chifla la naturalidad y el aspecto saludable y descomplicado, porque creo que favorece mucho más y hace parecer más joven, pero entiendo que no todo el mundo comparte mi opinión.




Y a grandes rasgos, éstas son las características básicas de un estilo minimalista, que es al que yo pretendo llegar.

Madre mía, qué peligro tiene septiembre, con todos estos análisis y reflexiones...

¿Y tú qué opinas? ¿Te gusta este estilo o crees que es sosísimo y aburrido? ¿Qué elementos echarías en falta? 



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